jueves, 6 de noviembre de 2014

Pico de Peguera

El Pic de Peguera, con sus 2982 metros, es la cima más alta de la pirenaica comarca leridana del Pallars Jussá. Se encuentra en la cabecera de la Vall Fosca hacia el Oste (Torre de Cabdella) y hacia los valles del Monestero y Peguera hacia el Este (Espot).  Preside un circo con montañas próximas a los 3.000 mts ("casitresmiles"), como el Tuc de Saburó y el Pic de Mar. En pleno Parc Nacional d'Aigüestortes y Estany de Sant Maurici es un mirador privilegiado de todo el parque; en días claros, como el que nos tocó, se aprecian las cimas del parque y algunos valles y lagos. Y más allá podremos divisar el macizo de La Maladeta, Posets, Turbón, Cotiella, Besiberris, Ratera, Pica d'Estats, Monteixo... Un sinfín de cimas conocidas, otras que bautizamos por aproximación y otras que requerirían de un experto pirineísta para poner nombre a cada una.

Desde la cima mirando hacia el W. Macizo de la Maladeta con su glaciar a la derecha de la foto
El Peguera es un macizo de bloques de granito que impresiona cuando se ve en la distancia y todavía más cuando nos acercamos a él. La cima, estrecha y expuesta, está en una cresta que recorrerla requiere trepar por grandes bloques de roca y superar pasos expuestos. Y todavía más si
se asciende por el lugar incorrecto y nos pasamos de largo la cima, como nos pasó a nosotros.
Refugio Josep Maria Banc en el Estany Tort

La ruta parte de Espot, donde encontraremos un cartel que indica 3h45m al refugio de Josep Maria Blanc, pero llegamos en poco más de de 2h30m. Ya conocíamos el camino por lo que no nos entretuvimos en hacer fotos a las cascadas, gargantas, árboles, vistas y algún lago que hay en el camino. Llegados al refugio Josep Maria Blanc dejamos el equipaje innecesario y nos dirigimos por el Estany Negre hacia el Collado de Saburó y Monestero. El camino es evidente, bien señalizado. En algunos tramos asciende por fuertes pendientes y en otros llanea junto a los lagos. En un punto determinado el camino se separa y nosotros seguimos el de Coll de Monestero, que divisaremos al cabo de un rato con el claro sendero que llega hasta él en fuerte subida, con el Estany de Peguera y los Estanys Petits de Peguera a sus pies. El collado está a 2.716 metros y al llegar tendremos unas espectaculares vistas hacia la zona de Sant Maurici y Amitges; la vertiente hacia Sant Maurici impresiona por sus verticales paredes que el Peguera y su vecino Monestero dejan caer hacia el valle.

A nuestra izquierda (W) tenemos nuestro objetivo, el Peguera. Su cima está cerca pero la progresión se adivina complicada y técnica aunque divertida. Tras un vistazo a los posibles pasos para alcanzarla ascendemos por el sendero hasta que deja de haber rastro del mismo y seguimos los hitos. Una chimenea parece el paso más evidente para alcanzar la cima, pero otros hitos nos hacen seguir adelante hasta que llegamos a una estrecha canal por la que decidimos ya ascender. Dejamos las mochilas y empezamos a trepar hasta la cima.
Trepando a la cima

La ascensión es expuesta y aérea, con tramos verticales que nos obligan a asegurar bien cada paso que damos. Tras no poco esfuerzo llegamos al final de la trepada y al incorporamos nos damos cuenta que no estamos en la cima, nos la hemos pasado de largo. Para llegar hasta ella progresamos por la cresta entre enormes bloques de granito, trepando de nuevo por pasos expuestos. Cuando llegamos al punto más alto, marcado con un palo y cuatro piedras que lo sostienen y en el que no cabemos los dos de pie, nos dedicamos a contemplar las vistas que nos ofrece este mirador. El día es claro y hace un sol radiante en pleno noviembre, el espectáculo es indescriptible con vistas a 360º. Cimas rojizas y grises de todas las formas y tamaños, sin nieve
todavía excepto el glaciar del Aneto que tenemos frente a nosotros. Pasamos un buen rato situando y conjeturando los picos y valles que vemos, asombrándonos con las formas de unos o la altura de otros; estamos felices tras el esfuerzo que ha valido la pena y el panorama que tenemos ante
nosotros. Además no hace frío y el viento en la cima es escaso por no decir inexistente, inaudito.

Por la cresta hacia la cima
Tras las fotos de rigor iniciamos el descenso, todavía eufóricos y con el nivel de adrenalina por las nubes. Buscamos un lugar más sencillo para descender y vemos que hay unos hitos que llevan a la chimenea que nos pasamos de largo en el ascenso. El descenso es más sencillo, aunque no podemos
Saburó y Monsent de Pallars a
mi espalda.
despistarnos porque hay tramos aéreos y tenemos que destrepar; cualquier tropiezo nos puede llevar a despeñarnos un buen centenar de metros. Tras descender hasta el camino por el que hemos subido tenemos que volver a por las mochilas, así que nos toca remontar unos metros otra vez para recogerlas. Una vez en el collado decidimos que el Monestero mejor lo dejamos para el día siguiente; hemos subido desde Espot y llevamos ya unos 1700 mts de desnivel y unas cuantas horas andando, y el día nos está pidiendo a gritos que nos relajemos junto a un ibón, repongamos fuerzas y nos hagamos una siesta alsol. Así que bajamos hasta el Estany de la Llastra, comemos, brindamos con vino, nos regalamos unos panallets y un trago de vino dulce y nos tumbamos al calor del sol en un paraje inmejorable, en medio del silencioso bullicio de los arroyos, la brisa y alguna chova que pasa volando sobre nosotros.

En la bajada al refugio atajamos tomando el margen izquierdo del Estany de la Llastra; todavía tenemos tiempo de tomar el sol junto al Estany Negre antes de llegar al refugio, donde nos espera una cerveza bien fría, una partida al cinquillo y una cena a base de sopa, butifarra y, para que no falte nada este primero de noviembre, unos panallets y castañas con vino dulce por gentileza de los guardas del refugio Josep Maria Blanc.

Sin duda no será fácil olvidar el Peguera y el resto de la ruta de nuestra memoria.


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