miércoles, 6 de diciembre de 2017

Valle de Echo


El otoño estaba siendo cálido, demasiado. Todavía podíamos, a nivel del mar, salir de casa en mangas de camisa o una camiseta de manga corta a media mañana y buena parte del día. La semana de vacaciones planeada para Noviembre estaba cerca y los planes claros: Castillo de Acher, Ibón de Acherito, Pico de Aspe, Mesa de los Tres Reyes, Peñaforca y Lenito. Había donde elegir para realizar por lo menos tres excursiones. Pero una semana antes de partir el parte meteorológico anunció cambios bruscos que iban a persistir gran parte de la semana. Y así fue. La previsión de nieve y fuertes vientos se cumplió a rajatabla. En Jaca se llegaron a los 120 kms/h, y el primer día saliendo del refugio de Lizara una ráfaga casi nos lleva al suelo. Así que no quedaba otra que cambiar de planes ese día... y los siguientes.


Gracias a ese temporal (positividad ante todo, estábamos de vacaciones) visitamos los valles de Ansó y Roncal, recorrimos poblaciones minúsculas y prácticamente desiertas y cargamos con buen queso.


Y por lo menos alguna ruta pudimos completar, completamente improvisadas. Una de ellas la vuelta a la Boca del Infierno, un paseo sin dificultad cerca de la población de Echo con algunos puntos de interés. La ruta parte del puente de Santa Ana, en el desvío al refugio de Gabardito en la carretera de Echo a la selva de Oza y refugio.


Desde ahí se asciende por el camino de los ganchos, que a pesar del nombre no recorre ningún paso mínimamente equipado. El sendero recorre un precioso bosque mixto de pinos y hayas bajo los contrafuertes de la Faxa de los Valencianos. Siguiendo el sendero se llega a una explanada junto al río donde se encuentran las ruinas del campamento de San Juan de Dios.


Tras el suculento bocadillo bajo los débiles rayos de sol entre las nubes cruzamos la carretera para seguir por el sendero que nos llevará por la calzada romana hasta el punto de partida. Antes encontramos una torre de vigilancia, Torre lo Vixia, construida en la época de Fernando VI, por lo tanto entre 1746 y 1759 (gracias a Echo sin Hache).


Los restos de la calzada romana dan una idea del trabajo que tuvo que costar abrir una vía por ese congosto para el paso de todo tipo de material que los romanos acarrearan. Las vistas en esa zona al Valle de Echo son excelentes, a pesar del mal tiempo.


El mejor descubirmiento fue el valle de Igüer, cerca de Aisa y en la cabecera del valle del mismo nombre. Una alternativa al abortado ascenso al pico de Aspe era por lo menos recorrer el valle por el que íbamos a realizar la ascensión.


Resultó ser un pequeño valle, con un circo de reducidas dimensiones pero con unas vistas sensacionales a los picos de Aspe, Llena de la Garganta y Llena del Bozo. Al otro lado las redondeada loma de la punta de Nazapal. Todo un contraste de geometrico de aristas y curvas.


Al poco de comenzar la ruta van apareciendo al norte los primeros picos, con la nieve caida los días anteriores reluciente al sol. Al llegar al valle al NO se observa el circo que lo cierra, y sobre él el collado del Bozo, primer objetivo antes de coronar la punta Napazal.


El camino lleva hasta el mismo circo, el cuál recorremos por su base para ascender hasta el GR por las paredes de la vertiente norte. Un dolmen en bastante buen estado que casi se mantiene en pie es de obligada visita, además de por él mismo por el bonito lugar en el que está: sobre el valle y bajo los imponentes puntales de los picos. Antes del ascenso nos encontramos con el Ibón de Izagra, completamente seco. No parece que deba contener mucha agua ya que es de escasísima profundidad, más bien parece una pequeña laguna que debe llenarse durante el deshielo. Es curioso observar un agujero, un sumidero en la que el agua se ha quedado congelada al caer por él.


Una vez en el collado del Bozo, al que se llega sin ninguna dificultad por el sendero que asciende moderadamente, las vistas se abren al valle de Lizara presidido por el Bisaurín, con el refugio al fondo.


Alcanzar la cima de la Punta Napazal es un momento. Se sigue por el redondeado cordal hasta la cima, en cuya vertiente O refugiados del viento y bajo el sol podemos comer tranquilamente. Un lugar espectacular para reponer fuerzas.


El retorno es por el mismo camino, siguiendo el GR11, pero en lugar de descender al valle seguimos por el sendero para desviarnos a visitar la surgencia del manantial de Rigüelo, frente a los Mallos de Lecherines, unas altivas agujas que destacan en esa zona del valle.


Para volver al punto de partida sólo es necesario volver al GR y seguirlo hasta el final.


Por último destacar las aproximaciones desde Oza al Castillo de Acher y al Ibón de Acherito, que dado el fuerte viento decidimos dejar para mejor ocasión. Finalmente se pudieron salvar con algunas salidas, fáciles ambas, esos días de vacaciones en el Valle de Echo. Y con una estancia acogedora en una casita en la población de Jasa.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Penyagalera, valles de Algars y Ulldemó

Vistas hacia las Roques de Benet desde Penyagalera
Seguimos recorriendo el parque natural de los Ports de Tortosa - Beseit, cordillera limítrofe de tres provincias: Castellón, Tarragona y Teruel. Está formado por varias sierras que permiten una transición natural entre las montañas del sistema ibérico y las sierras litorales. Es un terreno escarpado y agreste, repleto de curiosos y fantásticos fenómenos kársticos como agujas, cañones, cuevas, dolinas, etc. Su aspecto espectacular llama la atención desde la distancia, sobre todo desde los llanos que se extienden hacia Teruel.


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El primer intento de realizar estitinerario se vio abortado por las intensísimas tormentas que hicieron imposible realizarla. La excursión es una ascensión a la cima de Penyagalera para posterioremente realizar unavuelta circular por los valles de que forman el río Algars, al O de Penyagalera, y el río Ulldemó, al S. 





El punto de partida es las Pesqueras, donde se llega por pista asfaltada desde Beceite. En la misma pista se han habilitado varios aparcamientos y enciertas épocas de mayor afluencia hay que abonar un peaje para circular con el vehículo. De esta manera se pretende evitar la masificación, limitar el número de visitantes y mantener el entorno. No hace mucho la cantidad de coches aparados a ambos lados de la pista provocaba atascos y se hacía en algunos puntos imposible circular debido al embotellamiento que causaba



Al contrario que en el track, la excursión se realizó en el sentido de las agujas del reloj. De todas maneras la ruta puede realizarse en ambos sentidos ya que no hay pasos que sean mejores de subida o bajada. Es sencilla es sencilla y los caminos están bien marcados, con excepción del tramo entre ambos valles a partir del Mas de Pau. En ese punto hay que buscar los hitos tras la masía, desde se comienza un fuerte y empinado ascenso por una senda marcada por escasos hitos y prácticamente desaparecido bajos las hojas, raíces y piedras. Se progresa de hecho por el curso del barranco de l'Ombria. A partir del collado, ya en descenso hacia el valle de Ulldemó, el camino está señalizado con marcas de colores y el sendero es más evidente. 



El descenso desemboca en la pista de las Pesqueras, por la que hay que seguir hasta el punto de partida. Vale la pena detenerse en las zoba de las Coves de Bertrol, un espectacular rincón formado por los contrafuertes de la misma penya galera, con el río d'Ulldemó discurriendo encañonado entre pozas sobre un lecho de rocas.



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Bonita excursión con buenas vistas a los alrededores desde Penyagalera, no muy exigente para los que esten acostumbrados a estas distancias y desniveles. Algún paso algo aéreo en el descenso desde Penyagalera por un sendero marcado con hitos y por los riscos que forma la peña hacia el Sur.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Valle de Lierp


Valle de Lierp es un municipio de la Ribagorza en la provincia de Huesca situado en el valle transversal del mismo nombre. Se encuentra al sur del Turbón, un imponente y majestusoso macizo visible desde varios kilómetros a la redonda por su situación aislada de la cordillera pirenaica, pero muy recomendable para atividades senderistas. El valle de Lierp está compuesto por varios diminutos núcleos habitados, siete en total. La población de todo el municipio es de 52 habitantes para una superficie de casi 33 km2. Con estos datos es fácil imaginar el sosiego que respira la zona.


Con la intención de dar un paseo tranquilo la ruta parte del pequeño publo de Navarri con destino a las Vilas del Turbón, balneario situado en la base de la vertiente E del Turbón. Para evitar el túnel de Campo puede circularse por la antigua carretera junto al río Ésera, que rodea el túnel por el congosto que forman el cerro de Laspún a un lado y la sierra de Morillo al otro. Hay que ir con cuidado ya que el firme suele tener piedras y guijarros por desprendimientos.


Al cabo de unos 4 kilómetros desemboca en la N-260 desde donde se toma el desvío a las Vilas del Turbón. Se sigue por ella hasta la bifurcación a Llert para seguir por la antigua y solitaria carretera que conducía a las Vilas. Es una preciosa vía que se eleva por las laderas del Turbón entre bosque y vistas al macizo, con una zona empinada en zig-zag que remonta hasta unos 1000 metros de altura. Pero esta antigua carretera se acaba antes de Exea (Egea) y nos devuelve a la nueva.


Se sigue por ella en ligero ascenso hasta  la bifurcación a Serrate, a 1175 mts, para comenzar el ascenso a las Vilas. Son 5 kms durante los que se ascienden unos 200 metros, hasta los 1379 de las Vilas. El ascenso el cómodo pero continuado, siendo más pronunciado y donde se gana más altura en los dos últimos kilómetros.


El descenso se realiza por la misma carretera, no hay opción a no ser que sea con una BTT. Pero antes de Exea se toma un desvío hacia Pueyo por una estrecha carretera sin siquiera líneas marcadas en el asfalto. Algunas pistas de la zona se asfaltaron para facilitar el acceso a los pequeños pueblos. Se llega a Pueyo, donde predomina su iglesia y unas pocas casas. Siguiendo por la estrecha carretera se desciende hacia Exea, pasando junto a Serrate, desde donde hay unas bonitas vistas al valle, con la Sierra de Esdolomada al frente, las sierras hacia Serraduy al E e incluso Sierra Ferrera hacia el O.


Se cruza Exea para descender por el tramo más espectacular, un corto congosto que incita a recorrerlo despacio para ver las formas rocosas y el fondo del barranco. Termina de nuevo en la carretera nueva, después del altísimo viaducto construido para salvar el desnivel. Y la volvemos a abandonar para seguir nuevamente por la misma vieja carretera que desemboca en Campo. Una vuelta por el pueblo y de nuevo a Navarri, no sin antes tomar el tramo ciclable de la vieja carretera a Aínsa hasta donde ésta se corta. Una lástima que no se haya mantenido algún ramal que permita llegar hasta Foradada del Toscar para bicicletas y senderistas y evitar la rápida carretera nueva. Lo mismo que entre Navarri y Campo, no se explica que por unos escasos 300 metros aproximadamente no se haya habilitado algún carril para evitar pasar por el arcén.


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Ruta corta, aunque con bastante desnivel, y sencilla. Con buenas vistas, ideal para conocer el paisaje de esa zona concreta de la Ribagorza. Puede hacerse en menos tiempo, las casi 3 horas que marca Wikiloc se pueden reducir mucho si se hace sin parar ni hacer fotos. El tráfico es durante todo el itinerario escasísimo.

martes, 5 de septiembre de 2017

Perdiguero (y II)


Segunda visita a la cima del Perdiguero casi dos años después de la primera ascensión. Esta vez con un grupo más numeroso, y algún miembro que se estrenaba en la alta montaña.


El punto de partida es el sendero, señalizado, que parte dela carretera A-139 justo antes de que ésta finalice bruscamente frente a la Tuca de la Glera. El ascenso por el valle de Remuñe es suave, entre el húmedo bosque de pino negro. A partir del Ibonet de Remuñe el camino se vuelve más exigente. Asciende junto al barranco de Remuñe para llegar a Es Arenals de Remuñe, un llano húmedo rodeado de montañas escarpadas surcado por aguas tuertas y protegido por las paredes de los picos de Maupás y Boum por un lado y el de Remuñe por otro. Enfrente el caos de roca que hay que superar predominando el pico la Forqueta, un largo tramo de bloques graníticos hasta el collado sobre el Ibón Blanco de Literola.


En este punto la panorámica al circo con el ibón rodeado de cimas de más de 3000 metros sobrecoge: Perdiguero, Royo, Literola y Crabioules.Impresionante. El contraste de rocas prácticamente blancas con otros estratos rojizos confieren un aspecto especial al entorno.


Un corto pero abrupto descenso hacia el desagüe del ibón permite cruzar al otro extremo sobre el arroyo, en esta época del año, y situarse a los pies del macizo del Perdiguero. El ascenso es por el cordal en fuerte pendiente. Es un recorrido empinado hasta aproximadamente los 3120mts donde la pendiente disminuye. Pero todo el recorrido es extremadamente pedregoso y muy incómodo, por la colocación escalonada de las piedras, a distintos niveles desiguales.


En la cima la panorámica a 360º en días claros es excepcional. El cercano Posets, la sierra de Chia, el macizo de Cotiella y Turbón, macizo de Monte Perdido, Cerler, Maladeta, Salvaguardia, Pic de Midi más a lo lejos...


El descenso sigue el mismo recorrido, pero desviándose hacia el S para ir a buscar la Collada Ubaga, desde la cual se puede descender al valle de Estós al O o bien al Ibonet de Literola al E, a los pies del Perdigueret.


En cómodas lazadas se desciende hacia el Ibón ya que el objetivo es descender por el valle de Literola. Tras pasar el bonito Ibonet de Literola, con su pecualiar desagüe, se desciende ya sin interrupción recorriendo todo el valle, hasta la carretera de nuevo a unos 3-4 kms por debajo del punto de partida. Conviene por lo tanto dejar un coche en la llegada ya que quedan pocas ganas de remontar esos pocos kilómetros hasta el punto de partida.


La ruta es larga, nada técnica, sin zonas expuestas ni peligrosas, aunque una caida por la vertiente NE del cordal del Perdiguero sería fatal, pero el camino no pasa cerca de la misma y sólo nos acercaremos si queremos asomarnos al vacío. El terreno, sobre todo en el ascenso al pico, es incómodo, pesado; las piernas pueden acabar pasando factura. Muy recomendable tener una aceptable forma física por la longitud y el desnivel tanto de subida como de bajada. Como curiosidad añadir que en la cima encontramos a varias familias que habían subido con niños y adolescentes, entre 8 y 14 años aproximadamente.


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Pass'Aran

Mauberme, punto culminante.
La comarca de Val d'Aran llevaba tiempo en la lista de excursiones largas pendientes. Se encuentra al Norte de la provincia de Lleida, a la que pertenece. Su aspecto y clima es más francés que español por su orientación mayoritariamente al Norte. Personalmente es una de las comarcas que menos conocía más allá de Aigües Tortes, la zona de Mulleres o el valle de Bohí. Por su situación queda más alejado que otros valles aragoneses de Barcelona. Una interesante ruta circular de varios etapas, que discurre más por Francia que por la Val d'Aran, sirve para pasar unos días de senderismo por zonas espléndidas, como no puede ser de otra manera en el Pirineo. La Pass'Aran es un recorrido circular de 5 etapas que parte de la pequeña aldea de Montgarri, actualmente compuesta de un cómodo refugio y el santuario de Nuestra Señora de Montgarri. Algunas bordas desperdigadas completan la población, incluso un restaurante cercano al refugio.



Las reservas de los refugios se puede hacer a través de la empresa que explota el recorrido aunque como es habitual nos encargamos de todas las reservas, lo que significa que no hay tarjeta para sellar ni obsequio al final de la ruta.

Equipo completo

Las dos primeras etapas pueden unirse en una ya que las distancias y desniveles de ambas no son importantes, y en cambio las dos unidas tiene mejor aspecto. Otro punto importante a añadir es que se puede llegar en coche a Montgarri por una pista en perfectas condiciones. Quien decida dejar el coche en el Pla de Beret tendrá que añadir unos 12 kms al total del recorrido. En el refugio pasamos la primera noche. Buen servicio, muy amables y la cena más que suficiente para ir a dormir cargado de energía y comenzar temprano al día siguiente.

Etapa 1. Montgarri - Refugio de Mont Valier
Las diferentes previsiones durante la semana auguraban lluvia y tormentas, una climatología muy variable cada día, así que el grupo iba mentalizado de que tarde o temprano llegaría la lluvia. La primera etapa comieza con un sol espléndido y algunas nubes a lo lejos. Desde Montgarri se sigue el GR hacia el E por prados en suave ascenso. Hay que cruzar un barranco y mejor hacerlo siguiendo el GR y no antes por algunas de las trochas que el ganado abre y que llevan a confusión; así se evitará alargar ya el primer día la longitud del recorrido.


Se va ganando altura y vistas al valle cómodamente hasta el puerto de Barlonguèra, frontera con Francia. Las nubes cubren toda la vertiente francesa contrastando con la soleada vertiente española. La niebla es espesa y la visibilidad de pocos metros. El largo descenso hasta el refugio es prácticamente a ciegas, bajo una constante llovizna, un sirimiri que deja el camino muy resbaladizo. Hay muchas zonas de bruscos descensos y algún paso equipado con cables que obligan a descender con cuidado o usando las manos. Alrededor tan sólo se adivinan un par de ibones que se deben superar y las cascadas del recorrido, todo el paisaje se encuentra tras la bruma y la lluvia. Tras un descanso en una cabaña cercana el refugio des Estanhons compartida con un señor francés y su joven hijo seguimos el incómodo descenso. En todas las etapas hay un número considerable de cabañas en bastante buen estado que permiten el descanso o refugiarse si el tiempo es malo.


El fuerte descenso finaliza en un bosque de hayas que llama la atención por la cantidad de musgo que cubre raíces, rocas, troncos e incluso algunas ramas. Realmente impresiona ver el resultado de tanta humedad en una zona que probablemente sea muy sombría incluso en verano.


Bajo una lluvia ya algo más intensa llegamos al refugio de Mont Valier. Espacioso, limpio, encantador y con camas: sábanas, almohadas y colchas. Los empleados son atentos y la dueña una persona muy afable y espontánea. La cena completísima y deliciosa nos deja satisfechos. Han sido casi 10 horas, 18kms y cerca de 2000mts de desnivel negativo prácticamente bajo la lluvia.



Etapa 2. Refugio de Mont Valier - Eylie
Amanece con nubes bajas cubriendo las montañas y el valle. En esta etapa se superan dos collados ya que hay que atravesar dos cadenas montañosas para llegar al refugio. Esperan unos 1900 mts de desnivel positivo y casi 20 kms. A punto de partir comienza la lluvia. Capelinas. Por la pista que lleva al refugio se enlaza con un sendero que asciende decidido por el bosque húmedo, sombrío, cubierto de musgo. Una maravilla recorrer esos caminos a pesar de que el tiempo no acompaña, pero parece que sea realmente el que le encaja a este lugar. Al salir del bosque se llega a una cabaña en un claro, Cabana dera Artiga, desde la cual deben haber bonitas panorámicas al valle pero la lluvia y las nubes siguen ahí cubriéndolo todo. Antes del collado Col de Part (o Còth de Part en aranés) el viento arrecia levantado las capelinas y se hace difícil seguir. Entramos en una cabaña, justo en el collado, a la espera de que amaine. En ella dos jóvenes belgas se han refugiado anteriormente; están haciendo la travesía del Pirineo por el lado francés para luego empalmar con el camino de Santiago, su meta.



Por delante esperan 3/4 partes de la etapa y el tiempo es atroz. Al final, en un momento de calma, decidimos seguir ya que tampoco hay muchas opciones. Recién inciado el descenso la lluvia amaina y poco a poco la luz gana terreno a las nubes, se van abriendo claros y antes de llegar al valle no hay señal alguna de que vaya a llover de nuevo. Así seguirá prácticamente hasta el final de la ruta en Montgarri. Esto nos permite disfrutar del imponente valle que forman estas montañas, verdes hasta prácticamente las cumbres, cicatrizadas por los barrancos y vaguadas que descienden desde lo más alto. La panorámica que ofrece este valle es grandiosa. Y las escarpadas y verdes cimas que lo rodean resalzan su majestuosidad.


Una vez en el valle cruzamos el río para volver a remontar hasta el puerto de Aret. De nuevo hay una fuerte pendiente que superar, y un tramo de infinitas lazadas entre helechos que se hace interminable. El final desemboca en una pista que lleva hasta otra cabaña, deth-Areth, antes de subir el último repecho hasta el collado. El tiempo ha cambiado tanto que podemos comer en el cordal con vistas a los dos valles de cada vertiente, incluso a la cabaña que nos ha cobijado anteriormente justo al otro lado. Fue ésta una región minera hasta los años 50, cuando cerraron. Quedaron sus instalaciones abandonadas y oxidadas. En el descenso encontraremos torres metálicas de transporte, cables, restos de edificios. Todo con unas vistas excepcionales de las montañas vecinas y el mar de nubes que se extiende a lo lejos. Eylie se divisa al fondo del valle y tras un largo descenso se llega a lo que fue una población minera que conserva las mismas casas que entonces, algunas reformadas como es el caso del refugio.


Éste ya es un refugio más clásico. La casa donde se encuentan los dormitorios tiene una cocina equipada, un salón bastante espacioso y habitaciones en el piso inferior y superior. Pero el comedor y el bar se encuentra en el pueblo, a 5 minutos. El comedor es agradable y decorado con motivos mineros, pero el nivel de la cena ha descendido drásticamente respecto a los dos refugios anteriores. Y el desayuno al día siguiente es escasísimo. La etapa, a partir del momento que ha despejado, es preciosa. Los valles y montañas agrestes y verdes hasta la cima al mismo tiempo impresionan a los que venimos de la cara sur del Pirineo.



Etapa 3. Eylie - Refugio de d'Araign y pico de Crabere
Comienza esta interesante etapa por un estrecho sendero junto al refugio, entre otro bucólico e impresionante bosque de hayas. Al salir del mismo se llega a las primeras ruinas mineras del día sobre el mar de nubes que queda justo debajo. Curioso observar estos restos de la frenética actividad que habría en este lugar. Uno no sabe si debería conservarse tal cual está, quitando algunos hierros que pueden provocar alguna caida o lesión, o bien limpiar el entorno para devolver a la montaña su aspecto original. En cualquier caso es un lugar curioso y diferente.



Se sigue el ascenso hacia un poblado que se ve más allá en el circo que cierra el valle. Son las viejas minas de Bentaillou. Está compuesto de varios esdificios, algunos en estado ruinoso. Hay restos de herramientas y mecanismos mineros alrededor. Un camino va más allá del poblado, recorriendo horizontalmente la sinuosa ladera de todas las montañas que tenemos alrededor, atravesando los abruptos canales y barrancos. Pueden verse algunas bocas que no logramos concretar si son viejas minas o túneles. Nos fijamos en el mapa y efectivamente es un camino. Recuerda al Camí dels Enginyers en Coma de Vaca (Pirineo de Girona) pero mucho más extenso y sinuoso. Queda apuntado en la lista de rutas pendientes, e incluso empezamos a elucubrar cómo hacer ese tramo en un fin de semana.



El pequeño Suzuki Santana del pastor que nos hemos cruzado anteriormente ha subido hasta allí por una estrechísima pista con unas curvas imposibles en zigzag. Las ruinosas construcciones donde imaginamos vivían los mineros nos hace pensar en las duras condiciones en las que trabajaban y vivían a más de 2000 metros de altura.



Tras atravesar el poblado y visitar la boca de una mina seguimos ascendiendo hasta el puerto de la sierra de Aranh, sobre el lago del mismo nombre junto al cual se ve el refugio. A su izquierda sobre el lago el pico que queremos coronar, el Crabere. Como la etapa es corta hay tiempo suficiente de comer, tomar un descanso e iniciar la ascensión.



La ascensión al Crabere desde el refugio es corta, poco menos de 6 kilómetros y 658 mts de desnivel positivo según el GPS. En poco menos de una hora se corona tras ascender el empinado y pedregoso contrafuerte. Y bien que vale la pena porque las vistas desde el altiplano que forma el pico son impresionantes. Un mirador de 360º que abarca hasta donde la visibilidad lo permite, sobre el habitual mar de nubes que cubre Francia más allá. Tras las fotos de rigor y la contemplación obligada al sorprendente entorno se inicia el rápido descenso que nos devuelve al refugio.



El refugio de Araign ha bajado el listón de manera notable. Las habitaciones están alrededor del salón comedor, donde además hay una estructura para colgar la ropa mojada. Es ruidoso y la comida deja bastante que desear.

Etapa 4. Refugio d'Araign - Montgarri
Última etapa, la más larga y con ascenso al Mauberme (2881 mts) incluido. Se parte del refugio de Araign deshaciendo el camino hecho el día anterior: descenso hasta la presa del lago y fuerte subida hasta el collado. Una vez en él se sigue el sendero hacia el SO, dejando atrás el camino por el que se llega en la etapa precedente.


Tras rodear una pequeña y pedregosa depresión, con un pequeño ibón en el fondo, se llega al Portilhon d'Albi, puerta de entrada a España. Un tramo de llaneo junto a un par de ibones nos dejará en un fabuloso mirador sobre un extenso valle, completamente verde, rodeado de suaves laderas y justo sobre sobre el Lac Long de Liath. Las vistas son fabulosas, el paisaje ha cambiado por completo.



Hemos pasado de atravesar angostos valles rodeados de altas montañas a aparecer sobre otro con un aspecto completamente diferente: amplio, espacioso, con kilómetros de visibilidad a montañas más lejanas, y con el Mauberme destacando a la izquierda del mismo. Sorprende el Horat der Unhòla, un hoyo considerable, un embudo cárstico sumidero del río Unhòla recién nacido en Lac Long de Liath. Es un Forau de Aigüalluts de la Val d'Aran. Consta de una obertura de unos 50 mts de diámetro que alberga en su interior cavidades, salas y pozos, explorados por espeleólogos y dónde las aguas del río son transportadas a otros lugares cercanos apareciendo en forma de surgencias.


El camino sigue por la ladera a media altuda (Pales de Liat). A nuestra derecha el extenso valle; a nuestra espalda el lago y otros que poco a poco van aparaciendo escalonadamente. Hay que continuar por el sendero hasta los hitos de piedra que indican el desvío para ascender a la cima del Mauberme, una vez superado el ibón Estanhets de Mauberme a los pies del mismo.


La ascensión trascurre en diagonal por el roquedal  de la vertiente O. El camino girará en brusco ascenso hacia el N para empezar a remontar por una pedregosa y escarpada chimenea. En algunos puntos será necesario usar las manos pero tiene buenos agarres en las rocas y a pesar de la sensación de verticalidad no es un tramo excesivamente expuesto. Rápidamente se gana altura; antes de llegar a la cima hay una pequeña zona más llana y menos expuesta que permite progresar sobre grandes bloques de roca, que nos conducirán directamente a la bonita y amplia cima.


Está coronada por un grand hito, una columna de más de dos metros de piedras amontonadas perfectamente apiladas por los excursionistas que coronan la cima. La panorámica es fabulosa. Podemos distinguir el valle que hemos dejado atrás y sus lagos en la cabecera del mismo, el Crabere que coronamos el día anterior, el macizo de Maladeta y los picos alrededor, la zona de Aigües Tortes, los picos de Catalunya. Un paisaje impresionante desde la cúspide del treking. Vale la pena dedicar tiempo a recorrer la cima y observar el paisaje, descifrar las montañas y picos a lo lejos, empaparse del momento.


Descenderemos por el mismo camino, prestando atención en la chimenea que ahora hay que descender. Llegados al mismo punto por el que se inicia el ascenso al pico se puede proseguir hacia Port d'Urets y las minas deth Pòrt d'Urets; o bien descender hacia el Lac de Montoliu, en ambos casos para alcanzar el Còth de Montoliu y ya afrontar un largo descenso por el valle hasta Mair de Diu de Montgarri (Mare de Deu de Montgarri), desde donde partimos 4 días atrás. Antes de llegar, a modo de despedida y a unos 20 minutos del destino, una tormenta veraniega hace acto de presencia para que no olvidemos el golpe moral de los dos primeros días ante el temor de que el tiempo no mejorara.


Los 4 días de senderismo ha sido sencillamente espectaculares. No es una ruta excesivamente técnica y el ascenso a las cimas es opcional. La vertiente francesa, por la que va la mayor parte de la excursión, es muy variada por discurrir a diferentes alturas provocando cambios constantes de paisajes, y guarda muchas sorpresas. La zona minera es muy curiosa e interesante. La tarde de la primera etapa y la mañana de la segunda se desarrollaron entre la lluvia y la niebla, pero no parece complicado en un fin de semana hacer esas dos etapas, o parte de ellas, partiendo de Montgarri y haciendo noche en algún refugio francés. La conclusión positiva de la lluvia es que hay que volver para ver lo que nos perdimos.


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Recorrido asumible para cualquier persona con un aceptable nivel físico para la longitud y desniveles de la ruta y familiarizada con este tipo de excursiones por montaña y terrenos. La dificultad técnica es moderada; en la primera etapa hay algún paso equipado con cables pasamanos para superar algún tramo en el que mejor tener un punto de apoyo, pero no son expuestos ni aéreos y en algún caso ni necesario agarrarse a ellos. Con la lluvia las rocas estaban resbaladizas y se agradeció ese equipamiento. El ascenso al Crabere no presenta dificultad alguna; el ascenso al Mauberme es más técnico por terreno más inclinado y abrupto, pero no expuesto ni aéreo, y puede hacer falta usar las manos en algún punto como apoyo, sin trepar.


Los componentes del equipo con Alexandra, excursionista solitaria, músico y aventurera francesa que recorría el Pirineo de extremo a extremo y encontrábamos en todos los refugios. Nos descubrió además a su amiga con quien se uniría en Bagneres de Luchon.